EMOCIONES · 29 DE OCTUBRE DE 2026 · 1 MIN
Ponerle nombre al miedo lo hace más pequeño, literalmente
María Esclapez explicó en Roca Project que la amígdala reacciona también a miedos irracionales. Un escáner cerebral muestra una forma sencilla de frenarla.
La idea
La amígdala reacciona no solo ante peligros reales, sino también ante miedos irracionales.
Tema tratado por María Esclapez en Roca Project
La amígdala es la alarma del cerebro. Se activa en milisegundos ante lo que parece una amenaza, antes de que la parte que razona haya podido opinar. Por eso un miedo puede dispararse aunque sepas que no tiene sentido.
El experimento por dentro
- Quién
- Matthew Lieberman y su equipo, Universidad de California en Los Ángeles. Publicado en Psychological Science.
- Qué hicieron
- 30 voluntarios, dentro de un escáner cerebral, veían fotos de caras con expresión de miedo o de enfado. A veces solo las miraban. Otras veces tenían que elegir la palabra que describía la emoción («asustado», «enfadado») o el nombre que encajaba con la persona.
- Qué salió
- Cuando le ponían nombre a la emoción, la actividad de la amígdala bajaba. A la vez se encendía una zona de la corteza prefrontal, la parte que regula y frena. Cuanto más se activaba esa zona, menos respondía la amígdala.
Por qué importa
Los investigadores lo llamaron etiquetado afectivo. Traducir lo que sientes a palabras no elimina el miedo, pero le quita fuerza en el momento. Es una de las razones por las que hablar de lo que te pasa, o escribirlo, ayuda.
Qué dice la ciencia Respaldado
El efecto se ha replicado en distintos laboratorios. Nombrar la emoción no la hace desaparecer, pero reduce su intensidad en el momento.
Llévalo a tu día
La próxima vez que algo te dé miedo, dilo en una frase concreta: «tengo miedo de que me digan que no». Solo eso.
